Ojo por ojo III {Blogs Colaboradores}

jueves, 30 de julio de 2015

Tras tanto tiempo encerrada en aquel cuchitril oscuro, su habitación le pareció incluso más grande y majestuosa que de costumbre, pero no tenía tiempo para disfrutarla.
Sabía que la puerta cerrada no iba a detener al hombre por mucho tiempo, el truco que había usado hacia unos minutos no funcionaría por segunda vez, faltaban horas para que su padre llegara a casa y una pelea era demasiado arriesgada. Al final, opto por abrir su joyero, guardarse el contenido en el escote del vestido y pararse en el otro extremo de la habitación.
No tuvo que esperar mucho.
La puerta se abrió de golpe, rebotando contra la pared, y dio paso a un hombre de unos treinta años que no lucia para nada feliz.
—No hagas nada estúpido —advirtió.
Luego saco algo de su bolsillo, un pañuelo blanco que probablemente estaba mojado con alguna droga, y comenzó a avanzar hacia ella. Vanessa se quedó inmóvil en su lugar, hasta que él llego y todo se volvió oscuro.

A pesar de su maña para abrir cerraduras y su capacidad de caminar sin hacer ningún ruido, nunca había sido especialmente fuerte y cargar chicas drogadas hacia el bosque definitivamente no era su especialidad.
Tras salir por la puerta trasera de la casa, tuvo que dar un largo rodeo para mantenerse fuera del campo de visión de la casa de en frente, y en ese tiempo tropezó y estuvo a punto de soltar a la chica varias veces.
Al llegar al bosque, ya estaba exhausto. El sudor caía a raudales por su cara y respiraba de forma agitada. Dejo a la chica en el suelo sin ningún miramiento, le amarro las manos y se sentó con la espalda contra un árbol, a esperar.
Había tardado más de lo planeado, y ya solo quería volver a casa (o más bien a la posada) para descansar y salir de aquel pueblito que lo ponía claustrofóbico.
Llevaba solo un mes en él, pero ya había tenido dos incidentes de lo más desagradables: primero, en su trabajo anterior, se había topado con otro ladrón intentando adquirir las mismas joyas que él; por suerte, él iba armado y consiguió dispararle y provocar su huida.
Y ahora la extraña chica, que corría más rápido que él y había estado a punto de arruinarle el trabajo.
Tendría que pedir un aumento.
Espero media hora, y nadie apareció. Le habían informado que estarían ahí para recoger a la chica y ellos nunca se atrasaban. Comenzó a sentirse inquieto una vez más, pero no había nada que pudiera hacer para solucionarlo.
Contactar a alguien para que lo informara significaría ir hasta la estación de trenes, y allí no verían muy bien que estuviera cargando a una chica drogada. Asique siguió ahí sentado, esperando.

La negrura fue desapareciendo lentamente, llevándose con ella la pesadez de sus ojos y devolviéndole las sensaciones a su cuerpo.
Estaba acostada de cara sobre el piso, no, sobre la tierra; con la cabeza de lado en una posición incomoda y las manos bajo su cuerpo.
Su primer impulso fue el de usar sus manos para intentar levantarse, pero entonces descubrió que en realidad estaban atadas y recordó donde estaba.
Muy lentamente, giro la cabeza, buscando a su captor. Estaba recostado contra un árbol en actitud aburrida, y sin prestarle ninguna atención. Claramente estaba más acostumbrado a tratar con objetos que con humanos.
Intentando moverse lo menos posible fue llevando sus manos hasta el escote de su vestido y de allí extrajo un pequeño cuchillo en su funda. Había sido un regalo de cumpleaños de su padre, se lo había dado el mismo día que había cumplido dieciséis y la había iniciado en su negocio.
Habían pasado dos años desde entonces y era la primera vez que se veía en la necesidad de usarlo.
Volvió a la posición en la que estaba inicialmente, pero esta vez con el cuchillo entre sus manos. Se deshizo de la funda y comenzó a cortar la cuerda que la estaba sujetando. Era bastante delgada, asique no le tomo mucho tiempo.
Volvió a mirar al hombre. Seguía mirando hacia el bosque, sin prestarle atención. No perdió más tiempo.
En un rápido movimiento, fruto de todo el entrenamiento que había recibido de niña, rodo por el suelo y le clavó el cuchillo en la pierna.
Él hombre chillo, y Vanessa aprovecho su confusión para ponerse en pie y salir corriendo hacia el interior del bosque que conocía tan bien.

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Gracias por leer!
ahora, me encantaria saber tu opinion, anda, solo te toma un segundo, y me haces increiblemente feliz ;)